De Florent Ibenge a Pitso Mosimane, el fútbol africano demuestra que dirigir una selección y posteriormente asumir un club son etapas perfectamente compatibles. Ante cualquier escenario futuro con Juan Micha, el debate debería centrarse en el proyecto y no en una supuesta pérdida de categoría.
¿Dirigir un club después de haber sido seleccionador nacional significa bajar de nivel? ¿Aceptar un banquillo del campeonato doméstico supone perder prestigio después de haber dirigido internacionalmente?
La historia reciente del fútbol, y particularmente la del fútbol africano, demuestra que no necesariamente.
Entrenar una selección nacional y dirigir un club son dos formas diferentes de ejercer una misma profesión. Una permite representar a un país y competir en grandes escenarios internacionales; la otra ofrece al técnico la posibilidad de trabajar diariamente con una plantilla, construir un proyecto deportivo y competir regularmente por campeonatos.
Por eso, el paso de una selección a un club no debería interpretarse automáticamente como un descenso profesional.
FLORENT IBENGE, EL EJEMPLO MÁS CERCANO EN ÁFRICA
Uno de los precedentes más ilustrativos es el del congoleño Florent Ibenge.
El técnico llegó a dirigir simultáneamente al AS Vita Club y a la selección absoluta de la República Democrática del Congo, demostrando que el fútbol de clubes y el de selecciones pueden convivir dentro de la trayectoria de un entrenador.
Con los Leopardos, Ibenge consiguió el tercer puesto en la Copa Africana de Naciones de 2015 y posteriormente condujo a la RDC al título del Campeonato Africano de Naciones (CHAN) de 2016.
Su etapa como seleccionador no significó que posteriormente tuviera que abandonar el fútbol de clubes para conservar su prestigio.
Después continuó desarrollando su carrera en diferentes banquillos del continente y volvió a alcanzar éxitos importantes, entre ellos la Copa Confederación de la CAF con el RS Berkane de Marruecos.
Su trayectoria desmonta una idea todavía presente en determinados debates futbolísticos africanos: haber sido seleccionador nacional no convierte automáticamente a los clubes en una categoría inferior para un entrenador.
PITSO MOSIMANE: DE SELECCIONADOR A CAMPEÓN DE ÁFRICA CON CLUBES
Otro ejemplo contundente es el sudafricano Pitso Mosimane.
Mosimane dirigió a la selección absoluta de Sudáfrica antes de regresar plenamente al fútbol de clubes. Lejos de significar un retroceso, aquella decisión abrió una de las etapas más exitosas de su carrera.
Con Mamelodi Sundowns construyó un proyecto ganador y conquistó, entre otros títulos, la Liga de Campeones de la CAF de 2016.
Posteriormente asumió el banquillo del gigante egipcio Al Ahly, donde volvió a conquistar la Champions africana y reforzó todavía más su reputación internacional.
En su caso, abandonar el banquillo de una selección y regresar a los clubes no redujo su caché. Lo multiplicó.
NO ES UN FENÓMENO EXCLUSIVAMENTE AFRICANO
El recorrido entre clubes y selecciones tampoco es exclusivo del fútbol africano.
Entrenadores de reconocido prestigio mundial como Luiz Felipe Scolari, Carlos Alberto Parreira o Luis Aragonés desarrollaron etapas en selecciones nacionales y posteriormente continuaron trabajando en clubes.
Scolari, por ejemplo, conquistó el Mundial de 2002 con Brasil, dirigió posteriormente a Portugal y continuó después su carrera en diferentes proyectos de clubes.
La trayectoria de un entrenador profesional rara vez sigue una única dirección.
Club, selección, club y nuevamente selección pueden formar parte de una misma carrera.
¿Y SI ALGÚN DÍA OCURRIERA CON JUAN MICHA?
En Guinea Ecuatorial, este debate puede trasladarse inevitablemente a la figura de Juan Micha Obiang, uno de los entrenadores nacionales que mayor experiencia internacional ha acumulado al frente del Nzalang Nacional.
Aquí resulta imprescindible establecer una diferencia entre información y reflexión periodística.
OTOKOGSPORTS no afirma que Juan Micha vaya a entrenar al 15 de Agosto ni que exista un acuerdo entre el técnico y el club.
Pero si hipotéticamente se produjera esa posibilidad —con el 15 de Agosto o con cualquier otro equipo del campeonato nacional—, aceptar ese proyecto no tendría por qué interpretarse como un desprecio hacia su trayectoria, una pérdida de prestigio o una reducción automática de su caché profesional.
Sería, sencillamente, una decisión profesional que tendría que valorarse por las características y ambiciones del proyecto.
¿POR QUÉ GUINEA ECUATORIAL NO PUEDE RECUPERAR A SUS MEJORES ENTRENADORES?
La cuestión puede plantearse incluso desde otra perspectiva.
Si queremos mejorar el fútbol ecuatoguineano, ¿por qué deberíamos considerar negativo que entrenadores nacionales con experiencia internacional regresen a trabajar diariamente con nuestros clubes y futbolistas?
Precisamente una liga que aspire a crecer necesita buenos jugadores, buenos dirigentes, mejores estructuras y entrenadores cualificados.
Un técnico que haya trabajado en una selección nacional puede trasladar al campeonato doméstico conocimientos tácticos, metodología de entrenamiento, disciplina profesional y experiencia adquirida frente a rivales internacionales.
Y ese conocimiento termina beneficiando directamente al futbolista local.
LOS CLUBES TAMBIÉN PUEDEN SER GRANDES PROYECTOS
Otro error consiste en medir automáticamente el prestigio de un entrenador únicamente por el nombre de la competición que dirige.
No todos los proyectos de selecciones son superiores a todos los proyectos de clubes.
Un club bien organizado, económicamente estable, competitivo y con aspiraciones continentales puede ofrecer a un entrenador un desafío profesional extraordinariamente atractivo.
En África, además, dirigir un club campeón nacional puede abrir las puertas de la Liga de Campeones de la CAF o de la Copa Confederación, escenarios internacionales capaces de aumentar considerablemente la proyección de jugadores y entrenadores.
Por eso, el verdadero análisis debería considerar el proyecto, los objetivos, las condiciones de trabajo y las posibilidades deportivas.
EL PROFESIONALISMO NO TIENE UN ÚNICO CAMINO
Florent Ibenge dirigió club y selección.
Pitso Mosimane fue seleccionador y posteriormente triunfó en los clubes.
Scolari y Parreira recorrieron diferentes banquillos entre el fútbol de selecciones y el de clubes.
Los ejemplos demuestran que la carrera de un entrenador no es una escalera en la que abandonar una selección para dirigir un club significa necesariamente bajar un peldaño.
Es una profesión marcada por ciclos, oportunidades y proyectos.
Y esa reflexión también debería aplicarse al fútbol ecuatoguineano.
Si algún día Juan Micha, o cualquier otro exseleccionador nacional, decide asumir el banquillo de un club de Guinea Ecuatorial, su decisión debería analizarse por lo que puede aportar y conseguir, no únicamente por el cargo que ocupó anteriormente.
Porque volver a entrenar un club después de dirigir una selección no significa necesariamente perder nivel ni caché.
Puede significar algo mucho más sencillo:
profesionalismo, continuidad, confianza en un proyecto y una nueva oportunidad para triunfar.
