En el corazón de un equipo joven y lleno de promesas, el Real Rosa FC atraviesa la peor racha que se recuerda de un equipo de primera división femenina: siete derrotas en siete jornadas que pesan. Este sábado 12 de abril, en los pasillos del Estadio La paz, tras su última derrota por 9 goles a cero frente a Abuela Mercedes, nuestro medio se ha acercado, para conocer un poco más de este joven equipo. El entrenador, Raúl Biyogo, visiblemente afectado, ha optado por el silencio, dejando que sean sus jugadoras quienes pongan voz a la situación. Y lo que cuentan no es un relato uniforme, sino un mosaico de realidades:

Inmaculada Abuy Mbo, dorsal 7 y apenas 16 años, habla con una madurez que sorprende. Reconoce que hay preparación, pero señala sin rodeos el verdadero problema: la falta de comprensión entre compañeras. “No se animan, se hablan mal”, dice, dibujando un vestuario donde las palabras pesan más que los errores en el campo. Aun así, mantiene la fe: sabe que hay talento, que sus compañeras “pueden hacer algo”.

El entrenamiento tampoco sigue un ritmo constante. Aunque el calendario marca sesiones de lunes a viernes —extendiéndose al sábado si hay partido el domingo—, la realidad es otra: algunas jugadoras no pueden asistir por responsabilidades en casa, otras llegan tarde, y algunas simplemente no acuden. El resultado es un equipo que entrena, pero no siempre juntos.

Anita Nkene Asumu Nchama, de 13 años y dorsal 20,
Aporta otra pieza al rompecabezas. Su testimonio revela problemas más profundos: la falta de compromiso, los permisos familiares que no llegan y la desorganización horaria. “Dicen que entrenamos a las tres y media, pero algunas llegan a las cinco y media”, comenta, dejando ver un equipo que no respeta el horario, falta de disciplina.

A esto se suma la incertidumbre económica. Las jugadoras afirman que no reciben pagos, aunque se les ha prometido que llegarán cuando “la FIFA mande el dinero”. Una promesa en el aire que, de momento, no compensa el esfuerzo ni estabiliza el proyecto.

Pero quizás lo más delicado sea el impacto emocional. Anita describe un ambiente donde los errores se castigan con palabras duras: “Si fallas, te dicen que no vales”. En un equipo tan joven, esas frases no solo duelen, sino que merman la confianza y apagan la motivación.

En lo deportivo, el diagnóstico es claro: «Falta rapidez en el juego, especialmente en la circulación del balón». La condición física también aparece como una asignatura pendiente, ligada directamente a la irregularidad en los entrenamientos. Y aunque inicialmente Anita evita señalar a su propia línea, acaba reconociendo lo evidente: «defensa, mediocampo y delantera necesitan mejorar». Todo el equipo está en construcción.

Real Rosa FC es, en esencia, un equipo con potencial pero sin engranaje. Un grupo de jugadoras jóvenes que aún no han aprendido a jugar como colectivo, ni dentro ni fuera del campo. La temporada, de momento, les está resultando larga, pero  también es una oportunidad para aprender. Porque si algo queda claro entre derrotas y testimonios, es que el talento está. Solo falta ordenarlo, cuidarlo… y, sobre todo, unirlo.

Redacción : +240555439637

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